Bodegas San Alejandro: identidad, calidad y visión de futuro en la DO Calatayud

Una bodega que resume el espíritu de Calatayud

Recientemente tuve la oportunidad de visitar Bodegas San Alejandro, una de las bodegas más representativas de la Denominación de Origen Calatayud. Y la experiencia no pudo ser más enriquecedora.

Hay algo en este proyecto que resume perfectamente lo que significa elaborar vino en este territorio: trayectoria, compromiso con el entorno y una forma de trabajar que aúna respeto por la tradición y vocación de futuro. Un equilibrio que no siempre es fácil de lograr, pero que aquí se percibe desde el primer momento.

Con más de medio siglo de historia, esta bodega ha sabido consolidarse como un referente dentro de la zona, apostando desde hace años por una identidad propia y una presencia internacional que lleva el nombre de Calatayud a mercados de todo el mundo. Pero más allá de los números, lo que destaca es la forma de hacer: rigurosa, respetuosa y con visión de largo plazo.

Una cata que habla del territorio

Durante la visita recorrimos la bodega, conocimos al equipo, hablamos sobre sus retos y sus logros, y catamos varios vinos que muestran con claridad el carácter de esta tierra. Probamos desde elaboraciones frescas, con fruta y tensión, hasta tintos con mayor estructura, profundidad y potencial de guarda.

Pero si hay algo que me impresionó especialmente fue descubrir su Macabeo fermentado en barrica: la añada 2022, con su frescura, volumen y elegancia, y sobre todo la añada 2018, una verdadera joya embotellada que demuestra el enorme potencial de esta variedad blanca en tierras de altitud. No es habitual encontrar un blanco con esta complejidad, precisión y capacidad de evolución en botella dentro de nuestra zona. Y eso lo hace aún más valioso.

La cata fue un reflejo del trabajo bien hecho, tanto en el viñedo como en bodega. Se nota cuando hay criterio, cuando no se improvisa, cuando se tiene claro qué se quiere contar con cada vino.

Coherencia, calidad y autenticidad

Cada referencia aportaba una visión distinta, pero todas compartían algo esencial: estaban bien hechas, eran coherentes y mostraban con honestidad su origen. Y eso es lo que, como presidenta del Consejo Regulador, quiero poner en valor. La diversidad dentro de una misma identidad es una de las grandes fortalezas de esta denominación.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la solidez del proyecto. Bodegas San Alejandro lleva años demostrando que se puede trabajar desde una DO con ambición, con calidad y con mentalidad abierta. Su equipo apuesta por la sostenibilidad, por el trabajo bien hecho en viñedo, y por comunicar el vino de forma cercana y rigurosa.

Un modelo de bodega con vocación de futuro

Visitar esta bodega ha sido una oportunidad para escuchar, para aprender y para confirmar algo que ya intuía: en Calatayud hay una base sólida sobre la que construir futuro. Y el papel del Consejo Regulador es acompañar ese trabajo, amplificarlo y defenderlo dentro y fuera del territorio.

Referentes como Bodegas San Alejandro nos recuerdan que no hace falta inventar discursos: cuando el trabajo está bien hecho, solo hay que darlo a conocer con claridad y convicción.

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