180 Noches Malvasía. Un blanco diferente nacido en tierra de tintos

No es habitual encontrarse con una Malvasía dentro de la D.O. Calatayud. Y quizás por eso, cuando una botella como 180 Noches aparece, lo hace con esa mezcla de curiosidad y sorpresa que despiertan las cosas poco comunes.
Está elaborado por Bodegas Esteban Castejón, en Ibdes, un pequeño municipio zaragozano rodeado de colinas, piedra y viñedo. Desde ahí, esta bodega familiar ha conseguido sacar adelante un vino blanco con identidad propia, sin perder el carácter que define a la zona.

La bodega

Bodegas Esteban Castejón es un proyecto con raíces familiares y una filosofía clara: elaborar vinos que reflejen el entorno donde nacen. Su historia está ligada al trabajo en el campo y al conocimiento de los suelos de Ibdes, una zona marcada por la altitud y los contrastes climáticos.
Con una producción limitada y muy cuidada, trabajan tanto con variedades tradicionales de la D.O. Calatayud como con otras menos comunes, buscando siempre autenticidad y equilibrio.
Sus vinos —como este 180 Noches— nacen de una mezcla de respeto por la tierra, curiosidad por experimentar y una forma de entender el vino que combina sencillez, precisión y cariño.

La altitud también se nota en el blanco

La uva Malvasía con la que se elabora este vino procede de parcelas situadas entre los 850 y 900 metros de altitud. Son viñas que crecen sobre suelos de grava y guijarros, con muy poca materia orgánica y una gran exposición al sol.
Ese contraste entre días cálidos y noches frías —las famosas “180 noches” a las que alude su nombre— es lo que permite mantener una acidez natural muy interesante, dándole al vino una frescura que equilibra su parte más golosa.

En copa: fruta, volumen y equilibrio

El color es amarillo brillante, limpio y luminoso. En nariz, el primer golpe es claramente afrutado: pera, melocotón y piña madura, con un fondo floral que recuerda al azahar. También aparece ese toque anisado tan característico de la variedad, que aporta frescura sin resultar invasivo.
En boca sorprende su volumen. No es un vino ligero ni fugaz: tiene cuerpo, textura y una acidez que equilibra muy bien su punto más maduro. El final es largo, con una sensación amable que invita a seguir bebiendo.

Para acompañar sin complicaciones

Me parece un vino muy versátil. Funciona perfecto con arroces, pescados blancos o mariscos, pero también con platos más contundentes como un pollo al horno con hierbas o una tabla de quesos cremosos.
Tiene ese perfil que se adapta tanto a un aperitivo tranquilo como a una comida más formal.

Lo que me gustó de este vino

De este 180 Noches me quedo con algo claro: la honestidad del trabajo bien hecho. No busca imitar estilos ni seguir modas; se nota que detrás hay una bodega que entiende su territorio y que ha sabido sacar el máximo partido a una variedad poco habitual en la zona.
Me gusta cómo conserva la frescura propia del clima de Calatayud, pero al mismo tiempo ofrece una textura más amplia, más envolvente.
Un blanco con carácter, diferente y con una historia que empieza en la viña.

Scroll al inicio